Una cimentación con tornillos de cimentación se compone de un tubo de acero provisto de una hélice, que se atornilla mecánicamente en el suelo hasta alcanzar un estrato portante. El principio es antiguo; lo que ha cambiado son las herramientas de instalación y el control de la ejecución.
El pilote se hace girar mediante un cabezal hidráulico. El par de torsión medido durante el descenso ofrece una indicación directa de la resistencia encontrada: es esta lectura, correlacionada con la profundidad alcanzada, la que sirve para validar el anclaje.
La hélice transmite la carga al suelo a través de toda su superficie portante. Su diámetro se elige en función de la carga que debe soportar y de la naturaleza del terreno.
Los tornillos de cimentación, también llamados pilotes helicoidales, responden bien a varias familias de proyectos:
La cimentación atornillada no es un sustituto universal del hormigón. Es adecuada allí donde la carga, el suelo y el acceso lo permiten, y requiere un estudio caso por caso.
Algunos contextos siguen siendo desfavorables: presencia de bloques rocosos superficiales, rellenos heterogéneos no caracterizados, cargas muy concentradas. Un estudio geotécnico despeja estas incertidumbres antes de comprometer las obras.
Qué comprobar antes de cualquier obra: la naturaleza del suelo, la carga de la estructura, las limitaciones de acceso para la máquina de instalación y la normativa urbanística aplicable al proyecto.
La elección de un sistema de cimentación se juzga según tres criterios: la capacidad portante requerida, las condiciones reales del suelo y las limitaciones de la obra. Un instalador homologado realiza esta verificación antes de elaborar un presupuesto.